Detrás del proyecto Popol Vuh siempre se encontró la figura de Florian Fricke. Él, padre de la criatura, transformó el sueño en barco sonoro que logró atravesar montañas rocosas de cristalinas aguas, alzándolo en los setenta como nombre respetado en el panorama teutón. Este avispado cinéfilo e instrumentista precoz (aprendió piano a los siete años y seis más tarde dominaba las obras de Bach, Haydn o Mozart) saltó al ruedo artístico a los veintiuno con un cortometraje al que tituló Pilgerfahrt. Esta experiencia no le dio la fama como cineasta pero sí le logró un puesto en la camarilla del ingenioso y respetado director Werner Herzog. Entre muchas de las bandas sonoras que le compuso resalta la atmosférica Aguirre.
Detrás del proyecto Popol Vuh siempre se encontró la figura de Florian Fricke. Él, padre de la criatura, transformó el sueño en barco sonoro que logró atravesar montañas rocosas de cristalinas aguas, alzándolo en los setenta como nombre respetado en el panorama teutón. Este avispado cinéfilo e instrumentista precoz (aprendió piano a los siete años y seis más tarde dominaba las obras de Bach, Haydn o Mozart) saltó al ruedo artístico a los veintiuno con un cortometraje al que tituló Pilgerfahrt. Esta experiencia no le dio la fama como cineasta pero sí le logró un puesto en la camarilla del ingenioso y respetado director Werner Herzog. Entre muchas de las bandas sonoras que le compuso resalta la atmosférica Aguirre.