Joaquín Sabina – El muro de Berlín
dando gritos de “Yankie go home”, coreando slogans de Fidel.
Hoy tiene un adoquín, en su despacho, del muro de Berlín.
Ese mismo que tanto admiró la moral estilo soviet
por un catorce por ciento cambió, la imaginación al poder.
Desde que a Hollywood, llega una línea, del metro de Moscú.
Ha muerto Rasputín, se acabó la guerra fría
que viva la gastronomía.
Y uno no sabe si reír o si llorar
viendo a Rambo en Bucarest fumar la pipa de la paz.
Ese que “al capitán Goma Dos” con spray pintaba en la pared,
sufre de exceso de colesterol si fluctúan los tipos de interés.
Y tiene un adoquín, en su despacho, del muro de Berlín.
No habrá revolución, es el fin de la utopía
que viva la bisutería.
Y uno no sabe si reír o si llorar
viendo a Trotsky en Wall Street fumar la pipa de la paz.
Ha muerto Rasputín, se acabó la guerra fría
que viva la peluquería.
Y uno no sabe si reír o si llorar
por lo menos que le pongan hash a la pipa de la paz.
Siempre que lucha la KGB contra la CIA
gana la final la policía
sobre el rencor de clase floreció el amor,
ayer Lenin y Sza Sza Gabor se casaban en New York.
No habrá revolución se acabó la guerra fría
se suicidó la ideología.
Y uno no sabe si reír o si llorar…
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El muro de Berlín es un elemento histórico tanto de la propia capital germana como de la propia Alemania. Un símbolo de la división que el país sufrió después de la II Guerra Mundial. Dos partes, la RFA y la RDA, separadas por ese muro que fue calificado como el de la “vergüenza”. Cayó a finales de la década de los años 80 y Joaquín Sabina compuso una canción para celebrarlo.
Con su mordacidad habitual, Sabina explica que se acabó la ‘guerra fría’, que no va a haber “revolución” y, por si hay algún despistado en la sala, que Rasputín está muerto. Pero también señala que tras su caída, y lo que conllevó, no sabe si “reír o llorar” pero tiene claro que “por lo menos que le pongan hash a la pipa de la paz”.